domingo, 28 de mayo de 2017

PARA MISIONAR HAY QUE SER TERCOS EN LA ESPERANZA: PALABRAS DEL PAPA EN EL ENCUENTRO CON JÓVENES EN GÉNOVA (27/05/2017)

Después del encuentro con los Obispos y los religiosos, el Papa Francisco abrazó este 27 de mayo a los jóvenes de la Misión Diocesana de Génova, que lo esperaban numerosos y entusiastas en el Santuario de Nuestra Señora de la Guardia, el más importante santuario de Liguria y uno de los más importantes de Italia. Con la espontaneidad que lo caracteriza y como lo hizo también con la Iglesia de Liguria poco antes y con los trabajadores de la planta industrial siderúrgica Ilva, a primeras horas de la mañana, en su primera etapa en tierra ligur, el Papa Francisco respondió a las preguntas de tres jóvenes. A continuación, compartimos tanto las preguntas de los jóvenes, como las respuestas del Papa Francisco, traducidas del italiano:

Antes de la Oración a Nuestra Señora de la Guardia

Papa Francisco:

Los invito a rezar a la Virgen en silencio: cada uno dígale lo que está en su corazón. Es nuestra mamá, la Madre de Jesús, Madre nuestra. En silencio, cada uno dígale lo que siente en su corazón.

[Oración a Nuestra Señora de la Guardia]

[Saludo del cardenal Bagnasco]

Chiara Parodi

Santidad, ¡qué bello que estés aquí! En su exhortación apostólica Evangelii gaudium, invitó a toda la Iglesia a salir. A sugerencia de nuestro cardenal, empezamos la misión "alegría plena", para retomar las palabras que dijo Jesús en el Evangelio de Juan: "Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes, y su alegría sea plena" (15, 11). Le pedimos una bendición para nosotros, los jóvenes que hemos encontrado y que encontraremos e también un consejo sobre cómo ser misioneros entre nuestros compañeros que viven en situaciones difíciles de dolor y que son víctimas de las drogas, el alcohol, la violencia y del engaño del maligno. ¡Gracias! Lo amamos.

Luca Cianelli

Santo Padre, usted ha querido que el próximo año tenga lugar el Sínodo de los Obispos dedicado a los jóvenes; tendrá de hecho el título "La juventud, la fe y el discernimiento vocacional".

Creemos que a Dios lo encontramos en la vida de todos los días, en la vida cotidiana, en la escuela, en el trabajo, con los amigos, en la vida de oración, en el silencio de la oración. Y lo que le pedimos es algún consejo para vivir nuestra vida espiritual y de oración. ¡Gracias!

Emanuele Santolini

Hola, Papa Francesco. Hoy en día nuestras vidas tienen ritmos altísimos, frenéticos y esto hace que sea difícil el encuentro, la escucha y, sobre todo, la construcción de relaciones verdaderas, el compartir de verdad. Así muchos de nosotros, jóvenes pueden no tener el tiempo o la oportunidad de conocer a la persona de su vida, la persona que Jesús ha pensado para nosotros, para construir este gran proyecto de amor que es el matrimonio. ¿Puede darnos algunos consejos sobre cómo ser capaz de vivir una vida plena y cómo podemos hacer eso mediante la construcción de relaciones verdaderas, plenas, sinceras? Gracias.

Francesca Marrollo

Santo Padre, todos los días los medios de comunicación transmiten realidades de violencia y de guerra, historias lejanas y cercanas de gran sufrimiento. Muchos de nuestros contemporáneos, migrantes procedentes de países lejanos, ensangrentados por el egoísmo, viven en nuestras ciudades hoy en condiciones muy difíciles. Estamos convencidos de que a través de estos nuestros hermanos y hermanas, Dios nos está hablando. ¿Qué nos dice? ¿Qué gestos, junto a la comunidad cristiana de adultos, podemos realizar para responder a estos desafíos que la historia, habitada por el Espíritu Santo, nos está proponiendo hoy? ¡Gracias!

Papa Francisco:

¡Buenos días!

Estoy un poco asustado porque Emanuele dice que "todos estamos frenéticos"... [ríe, ríen]. No sé cómo responder. El cardenal habló de su amor y dice que su amor es un amor turbulento y alegre. Y esto es bello. Entre "frenético", "turbulento" y "alegre", ¡hacemos una buena ensalada y el resultado será hermoso!

Para mí es una alegría encontrarlos. Es un encuentro que siempre deseo: encontrar a los jóvenes. Qué piensan, qué buscan, qué quieren, qué desafíos tienen y tantas cosas. Y ustedes, que no quieren respuestas pre-elaboradas, ustedes quiere respuestas concretas, pero personales, no como esa ropa que se compra "prêt-à-porter". Respuestas "prêt-à-porter" no las quieren. Quieren el diálogo, cosas que tocan el corazón.

Chiara, gracias por compartir esta experiencia que has vivido durante este año. Escuchar la llamada de Jesús es siempre una alegría completa. Y el Señor también dice: "Y esta alegría plena - en el mismo pasaje del Evangelio - nadie se las puede quitar" (Jn 16, 22). Nadie se las quitará. Alegría. Que no es la mismo que divertirse. Sí, te hace feliz, alegría, pero no es superficial. La alegría que entra y nace del corazón; y esta alegría es la que han vivido en este año. Gracias.

Ahora, yo quisiera preguntar - me gustaría, pero no hay tiempo y no se puede, pero ... -: ¿cómo han sentido que esta experiencia que han vivido los ha cambiado? ¿Es cierto, esto, o son palabras? ¿Por qué - esta es la pregunta - ir a la misión significa dejarse transformar por el Señor? Nosotros, normalmente, cuando vivimos estas cosas, estas actividades, como Chiara subrayó bien, nos regocijamos cuando las cosas van bien. Y eso es bueno. Pero hay otra transformación, que no se ve muchas veces, se oculta y nace en la vida de cada uno de nosotros. La misión, ser misioneros nos lleva a aprender a mirar. Escuchen bien esto: aprender a mirar. Aprender a mirar con nuevos ojos, porque con la misión los ojos se renuevan. Aprender a mirar la ciudad, nuestra vida, nuestra familia, todo lo que está a nuestro alrededor. La experiencia misionera nos abre los ojos y el corazón: aprender a mirar también con el corazón. Y así, dejamos de ser - permítanme la palabra - turistas de la vida, para convertirnos en hombres y mujeres, jóvenes que aman con compromiso en la vida. "Turistas de la vida": ustedes han visto a los que toman fotos de todo, cuando vienen por turismo, y no miran nada. No saben mirar... ¡y luego miran las fotos en casa! Pero una cosa es mirar a la realidad, y otra muy distinta mirar la fotografía. Y si nuestra vida es como de turista, miraremos sólo las fotografías o cosas que pensamos de la realidad. Es una tentación para los jóvenes ser turistas. No estoy pasear de aquí para allá, no,¡ esto es hermoso! Me refiero a mirar la vida con ojos de turista, esto es superficialmente, y tomar fotografías para verlas más tarde. Esto significa que no toco la realidad, no miro las cosas que suceden. No miro las cosas como son. La primera cosa que responderé, acerca de su transformación, es dejen esta actitud de turistas para convertirse en jóvenes con un compromiso serio con la vida, en serio. El tiempo de la misión nos prepara y nos ayuda a ser más sensible, más atentos y a mirar con atención. Y a tanta gente que viven con nosotros, en la vida cotidiana, en los lugares en los que vivimos y que, por no saber mirar, terminamos ignorando. De cuánta gente podemos decir: "sí, sí, es aquello, es aquello", pero no sabemos mirar su corazón, no sabemos lo que piensan, lo que sienten, porque mi corazón nunca se ha acercado. Tal vez hablé con ellos muchas veces, pero superficialmente. La misión puede enseñarnos a mirar con nuevos ojos, nos acerca al corazón de muchas personas, y esto es una cosa bellísima, ¡es una cosa bellísima!

Y destruye la hipocresía. Encontrar gente grande, adultos hipócritas es feo, pero es gente grande, que hacen de su vida lo que quiere, sabe lo que hace ... Pero encontrar un joven, una joven que comienza la vida con una actitud de hipocresía, esto es suicida. ¿Han entendido? Es suicida. Es no dejar el camino turístico de la vida, y pasar fingiendo, y no mirar al corazón de la gente para hablar con autenticidad, con transparencia.

Y después, hay otra cosa: tú dijiste que la misión es hermosa y que has aprendido. Pero cuando voy a una misión, no es sólo mi decisión, la que me hace ir. Es otro el que me envía, me envía a la misión. Y no se puede hacer misión sin ser enviado por Jesús. Es Jesús mismo el que te envía, es Jesús el que te empuja a la misión y está ahí a tu lado. Es justamente Jesús quien trabaja en tu corazón, cambia tu mirada y te hace mirar la vida con ojos nuevos; no con ojos de turista. ¿Han entendido?

Así se aprende que vivir cerrado, también encerrado en el "turismo" no sirve, no ayuda. Debemos vivir en misión, lo que supone que yo escuche a Aquel que me ha enviado, que siempre es Jesús, e ir a la gente, ir a los demás para hablar de mi vida, de Jesús, y de muchas cosas pero con una transformación de mi personalidad que me hace ver de otra manera. Y también escuchar las cosas de una manera diferente. Pensemos - para entender bien esto - en cuando Jesús iba por la calle, siempre entre la gente; una vez (cf. Mc 5, 25-34) Jesús se detuvo y dijo: "Alguien me ha tocado". Y los discípulos: "Pero, Maestro, ¿que no ves todas las personas que están a tu alrededor? ¡Todos te tocan!" - "Alguien me ha tocado". Jesús no estaba acostumbrado a que lo tocaran. No, no era un "turista": Él entendía las intenciones de la gente y había entendido que había una persona que le había tocado para ser sanado. Y esa mujer se decía a sí misma: "Si lo toco, quedaré sana". Así nosotros. Debemos conocer a la gente como es, porque tenemos el corazón abierto y no somos turistas entre la gente: somos enviados y misioneros.

La misión también ayuda a mirarnos entre nosotros, a los ojos, y reconocer que somos hermanos entre nosotros, que no es una ciudad e mucho menos una iglesia de buenos y una ciudad y una Iglesia de malos. La misión nos ayuda a no ser "cátaros". La misión nos purifica de pensar que hay una Iglesia de los puros y una de los impuros: todos somos pecadores y todos tenemos necesidad del anuncio de Cristo, y si cuando anunció en la misión a Jesucristo no pienso, no siento que me lo digo a mí mismo, me separo de la persona, y me creo - puedo creerme - puro y al otro como el impuro, que tiene necesidad. La misión nos involucra a todos, como pueblo de Dios, nos transforma: nos cambia la mirada, nos cambia la forma de andar en la vida, de "turista" a involucrado, y nos quita de la cabeza la idea de que hay grupos, que está la Iglesia de los puros y los impuros: todos somos hijos de Dios. Todos pecadores y todos con el Espíritu Santo dentro que tiene la capacidad de hacernos santos.

Tú me preguntabas - Emanuele también pidió lo mismo - ¿cómo ser misioneros entre nuestros compañeros, especialmente con los que viven en situaciones difíciles, que son víctimas de las drogas, del alcohol, de la violencia, del engaño del maligno? Creo que lo primero es amarlos. No podemos hacer nada sin amor. Un gesto de amor, una mirada de amor ... Tú puedes hacer programas para ayudarlos, pero sin amor ... y el amor es dar la vida. Jesús dice: "Nadie tiene un amor más grande que el que da la vida" (Jn 15, 13). El dio el ejemplo, ha dado la vida. Amar. Si tú no lo sientes o al menos no tienes - y digo "tú", pero lo digo a todos, porque ella hizo la pregunta, pero lo digo a todos - si tú no tienes el corazón dispuesto a amar - el Señor nos enseña al amor - no podrás hacer una buena misión. La misión pasará como una aventura, un turismo. Prepárense y vayan con un corazón dispuesto a amar. Ayudarles a amar. Una de las cosas que pregunto, no a todas las personas, pero cuando hay una oportunidad, en el confesionario, es: "¿Ayudas a la gente? ¿Das limosna?" - "Sí", dicen muchos. Sí, porque la gente es buena, la gente quiere ayudar. "Y dime, cuando des limosna, ¿tocas la mano de la persona a la que le das limosna, o la retiras inmediatamente?" Y allí, algunos no saben qué decir. Y más: "Cuando das limosna, miras a los ojos a ese vago que te pide limosna? ¿O te vas de prisa?" Amar. Amar es tener la capacidad de estrechar la mano sucia y la capacidad de mirar a los ojos de los que están en un estado de degradación y decir: "Para mí, tú eres Jesús". Y este es el comienzo de cada misión, con este amor debo ir a hablar. Si hablo con la gente pensando: "Ah, estos estúpidos que no saben de religión, yo les daré, les enseñaré cómo hacer...". ¡Por favor! Es mejor que te quedes en casa y reces un rosario, te hará mejor que ir a la misión. No sé si han entendido.

¿Y por qué tengo que amar a esta gente? ¿A las víctimas de las drogas, del alcohol, de la violencia, del engaño del Maligno? Detrás de todas estas situaciones que has nombrado, hay una certeza de que no podemos olvidar, una certeza que nos debe hacer "tercos" en la esperanza: para hacer la misión se necesita ser tercos en la esperanza. No sólo amor, pero también la esperanza, y tercos. En cada una de estas personas que son víctimas de situaciones difíciles, hay una imagen de Dios que por diversas razones se ha maltratado, pisoteado. Hay una historia de dolor, heridas que no podemos ignorar. Y esta es la locura de la fe. Cuando Jesús nos dice: "Has venido a la cárcel y me has encontrado" - "¡Pero estás loco!": Es la locura de la fe. La locura de la cruz, de la que habla San Pablo; la locura del anuncio Evangelio. Allí está Jesús, y esto significa aprender a mirar con los ojos de Jesús: cómo mira Jesús, a esta gente. Cómo las mira. Si Jesús, cuando nos dice - las preguntas que nos hará cuando vayamos al otro lado (cf. Mt 25, 31-46) - nos dice que Él era esa gente, es un misterio de amor en el corazón de Jesús.

Tuve la oportunidad, una vez - en Argentina estaba acostumbrado a visitar las cárceles - y en una ocasión saludé a un hombre que tenía más de 50 asesinatos. Y me quedé pensando: "Pero tú eres Jesús". porque Él dijo que si vienes a visitarme a la cárcel, yo estoy allí, en ese hombre. Para ser misioneros se necesita esta locura de la Cruz, esta locura del anuncio del Evangelio: que Jesús hace milagros, que Jesús no es un brujo que cura. Jesús está en cada uno nosotros, en cada uno nosotros. Y tal vez algunos de ustedes en este momento está en un estado de pecado mortal, se encuentra en una situación de lejanía, lejos de Jesús, tal vez... Pero Jesús está allí, esperando. Está allí contigo. Él nunca nos deja. Si voy con amor, no como un turista, y esto me transforma, voy como terco en la esperanza y voy, sabiendo que toco, veo, escucho a Jesús que trabaja en el corazón de todos los que encuentro en la misión. ¿Entienden? Y a propósito de los que has mencionado, los más descartados de la sociedad - es importante - he dicho que no se sientan mal por estrechar la mano sucia de un hombre sin hogar, de esta gente, por ejemplo ...

Todos estamos sucios. Y si Él me salvó, digo: gracias Señor, porque yo también puedo ser esa persona ... Si no he terminado drogado ¿por qué Señor? Por tu voluntad. Pero si el Señor me hubiera soltado de la mano, también yo, todos [¿donde habríamos terminado?] Y este es el amor, la gracia, que debemos proclamar: Jesús está en esas personas. Por favor, ¡no adjetiven a la gente! Voy a hacer la misión con el amor, la terquedad de la esperanza, para llevar un mensaje a la gente con un nombre, no con adjetivos. ¿Y cuántas veces nuestra sociedad desprecia y clasifica: "No, ¡ese es un borracho! No, no doy limosna a este porque va a comprar un vaso de vino y no tiene otra felicidad, pobre hombre, en la vida"; "Oh, no, este es un drogado"; "Este, aquello, este, aquello..." ¡Nunca adjetiven a la gente! Poner adjetivos a las personas sólo puede hacerlo Dios, sólo el juicio de Dios. Y lo hará: En el Juicio Final, definitivamente, a cada uno de ustedes: "Ven, bendito de mi Padre, vete de aquí, maldito". Los adjetivos: lo hace Él, pero nosotros nunca debemos adjetivar "este" y "aquel", "este, aquel". Voy a la misión de llevar gran amor.

Luego, en esa transformación - estoy entusiasmado con tu pregunta, la tenía escrita, e hice algunas reflexiones - somos habitantes de una cultura del vacío, de una cultura de la soledad. La gente - nosotros también - dentro estamos solos y necesitamos el ruido para no sentir este vacío, esta soledad. Esta es la propuesta del mundo y esto no tiene nada que ver con la alegría de la que hablamos. El vacío: si hay algo que destruye nuestra ciudad es este aislamiento. Ir en una misión es ayudar a romper el aislamiento y hacer comunidad, fraternidad. "Pero eso no me gusta...". "Eso es tan...". Nunca adjetivar: Jesús ama a todos. voy a una misión debo estar dispuesto a este amar todo. No es esa alegría plena que era lo que tú decías que te dio la misión. Si bien hay muchos de nuestros hermanos con la apariencia desfigurada por una sociedad que se defiende sólo con la exclusión, aislando a la gente, ignorando. Nunca, si queremos ser misioneros y llevar el Evangelio y tener esta alegría, nunca excluir, nunca aislar a nadie, nunca ignorar. No sé si he respondido a algo.

Y gracias Luca por tu inquietud. ¡Génova es una ciudad portuaria, que históricamente ha sabido recibir tantos barcos y que ha generado grandes navegantes generados! Para ser discípulo se requiere el corazón de un navegante; horizonte y valor. Si no tienes horizonte y eres incapaz de mirar aún la nariz, nunca serás un buen misionero. Si no tienes valor, nunca lo serás. Es la virtud de los navegantes: saben leer el horizonte, ir y tener el valor de ir. Pensemos en los grandes navegantes del siglo XV, muchos salieron desde aquí. Ustedes tienen la oportunidad de conocer todo con las nuevas técnicas, pero estas técnicas de información nos hacen caer en una trampa tantas veces; porque en lugar de informar nos saturan, y cuando estás saturado el horizonte se acerca, se acerca, y pone frente a ti una pared, pierdes la capacidad de horizonte. Estén atentos: ¡Siempre miren lo que les venden! También lo que te vende en los medios. La contemplación, la capacidad de contemplar el horizonte, de hacer un juicio propio, no comer lo que te sirven en el plato. Este es un reto: es un reto que creo se debe llevar a la oración, y decirle al Señor: "Señor, te pido un favor: Por favor, no dejes de retarme". Desafíos de horizonte que requieren el valor. ¿Eres genovés? Navegador: horizonte y valor. Y a todos los genoveses les digo: ¡adelante! Esa oración que yo les proponía: "Señor, te pido un favor, desafíame hoy". Sí, "Jesús, por favor, ven, importúname, dame el valor para responder al reto y a ti". Me gusta mucho este Jesús que molesta, que importuna; porque es Jesús vivo, que te mueve dentro con el Espíritu Santo. Y que bello un joven o una joven que se deja importunar por Jesús; y el joven o la joven que no se deja tapar la boca con facilidad, que aprende a no estar con la boca cerrada, que no se conforma con respuestas simplistas, que busca la verdad, busca lo profundo, y sale, avanza, avanza. Y tiene el valor de hacerse preguntas acerca de la verdad y tantas cosas. Tenemos que aprender a desafiar el presente. Una vida espiritual saludable genera jóvenes despiertos, que frente a algunas cosas que hoy nos ofrece esta cultura - "normal", dicen, puede ser, no sé ... - se preguntan: "¿Esto es normal o esto no es normal?" Y muchas veces - esto lo digo con tristeza - los jóvenes son las primeras víctimas de estos vendedores de humo; les hacen creer muchas cosas, ponen muchas cosas en su cabeza ... Pero una de las primeras formas de valor que debes tener es preguntar: "Pero ¿esto es normal o esto no es normal?" El valor de buscar la verdad. ¿Es normal que cada día crezca el sentido de la indiferencia? No me importa lo que ocurre con los demás; la indiferencia con los amigos, los vecinos, en el barrio, en el trabajo, en la escuela ... Es normal - como invitándonos a reflexionar Francesca - que muchos de nuestros contemporáneos, migrantes o provenientes de países lejanos, difíciles, ensangrentados de egoísmo que conduce a la muerte, vivan en nuestras ciudades, en condiciones verdaderamente difíciles? ¿Es esto normal? ¿Es normal que el Mediterráneo se ha convertido en un cementerio? ¿Es esto normal? ¿Es normal que muchos, muchos países - y no lo digo de Italia, porque Italia es muy generosa - que muchos países cierren sus puertas a estas personas que están heridas y que huyen del hambre, de la guerra, esta gente explotada, que viene a buscar un poco de seguridad... es normal? Esta pregunta: ¿es esto normal? Si no es normal tengo que involucrarme para que esto no suceda. Queridos, se necesita valor para esto, se necesita valor.

Volviendo a los navegantes, Cristóbal Colón, que dicen que era de los suyos - nunca se sabe, pero muchos como él o él mismo puede haber salido de aquí -, de él se decía: "Este loco quiere llegar de aquí para allá". Pero ese había hecho un razonamiento acerca de la "normalidad" de ciertas cosas e hizo un gran reto: tuvo el valor. ¿Es normal que ante el dolor de los demás nuestra actitud sea cerrar las puertas? Si no es normal, involúcrate. Y si no tienes el valor de involucrarte cállate y baja la cabeza y humíllate ante el Señor, pidiendo valor. Desafiar el presente es tener el valor de decir: "Hay cosas que parecen normales, pero no son normales". Y ustedes, deben pensar esto: ¡no son cosas deseadas por Dios y no deben ser deseadas por nosotros! ¡Y decir esto con fuerza! Este es Jesús: intempestivo, que rompe nuestros sistemas, nuestros proyectos. Es Jesús el que siembra en nuestros corazones la inquietud de hacernos esta pregunta. Y esto es bello: ¡esto es muy bello!

Estoy seguro de que ustedes, genoveses, son capaces de amplios horizontes y mucho valor, pero depende de ustedes hacerlo: no depende de mí. Esta noche vuelvo y dejo la semilla. A ustedes les dejo el desafío, o como decimos en nuestra tierra: "Les tiro el guante en la cara". Ustedes verán.

Termino con una sugerencia: Cada mañana, una simple oración: "Señor, te pido por favor, hoy no dejes de retarme. Sí, Jesús, por favor, ven a importunarme un poco y dame el valor de poder responder".

¡Gracias!

Ustedes sentados aquí, a la sombra: aquí estamos frescas [en el Santuario]. Pero allá afuera hay - ¿los escuchan? estos que saben hacer ruido - muchos que han resistido el sol, de pie ... ¡Un aplauso para ellos! Los veo, los veo desde aquí. Estaban en silencio mientras escuchaban y seguían todo. Esos me parece que tienen un poco de valor y de horizonte: al menos aquellos; ¡espero que ustedes también!
Ahora voy a dar la bendición, pero antes de recibir la bendición saludamos a la Virgen:

"Dios te salve, María..."

[Bendición]

Saludo y bendición a los detenidos

También me gustaría dar un saludo y bendición a todos los presos de Génova y Liguria que han seguido esta reunión. Voy a dar - ustedes en silencio - una bendición para ellos.

[Bendición]

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