domingo, 21 de mayo de 2017

LA ACTITUD DEL CRISTIANO ES LA DULZURA Y EL RESPETO: HOMILÍA DEL PAPA EN LA PARROQUIA DE SAN PEDRO DAMIÁN (21/05/2017)

El Papa Francisco visitó en la tarde del domingo 21 de mayo en Roma la parroquia San Pedro Damián, situada en un barrio cuyos vecinos son mayoritariamente comunistas, y explicó que la actitud de todo cristiano es la dulzura y el respeto y criticó que algunos que se dicen cristianos están todo el día amargados. El Pontífice habló del Espíritu Santo y recordó que es como un "abogado" que "defiende del maligno". "El Espíritu Santo está en cada uno de nosotros, y lo hemos recibido en el Bautismo, lo hemos recibido de Jesús", recordó. Reproducimos a continuación el texto completo de su homilía, traducido del italiano:

Hemos escuchado cómo Jesús se despide de los suyos en la Última Cena y les pide observar los mandamientos y les promete que les enviará el Espíritu Santo: "Yo pediré al Padre y Él les dará otro Paráclito""paráclito" significa "abogado""otro abogado, para qué se quede con ustedes para siempre: el Espíritu de la Verdad" (Jn 14, 16-17). Y el Espíritu Santo está en nosotros - en cada uno de nosotros – y lo hemos recibido en el Bautismo. Lo hemos recibido de Jesús y del Padre. En otra parte (del Nuevo Testamento), el Apóstol nos dice que hay que custodiar al Espíritu Santo. Y nos dice más: "No aflijan al Espíritu Santo" (cfr Ef 4, 30), como diciendo: "Sean conscientes de que tienen dentro a Dios mismo, el Dios que te acompaña, que te dice lo que debes hacer y cómo lo debes hacer; quien te ayuda a no equivocarte, quien te ayuda a no caer en las tentaciones; el Abogado, quien te defiende del Maligno". Y este Espíritu es el que Pedro, en la Segunda Lectura, dice que nos ayudará "a adorar a Cristo en nuestros corazones" (cfr 1 Pe 3, 15). ¿Y cómo? Con la oración de adoración y dejando surgir justamente la inspiración del Espíritu Santo. Es Él quien nos dice: "Esto es bueno, esto no es bueno, este es el camino equivocado, este es el camino justo..." Nos hace avanzar. Y cuando la gente nos pide explicaciones sobre por qué nosotros los cristianos somos así, Pedro dice: "Estén listos para responder a cualquiera que pregunte por qué son así" (cfr 1 Pe 3, 15). Y esto, ¿cómo debe hacerse? Continúa Pedro: "Sin embargo, que esto se haga con dulzura y respeto" (v. 15). Y aquí quiero detenerme.

El lenguaje de los cristianos que custodian al Espíritu Santo que nos es dado como don, de aquéllos que saben que tienen al Espíritu que les explica la verdad, este lenguaje es un lenguaje especial. No deben hablar en latín, no, no. Es otro lenguaje. Es el lenguaje de la dulzura y del respeto. Y esto debe ayudarnos a pensar en cómo es nuestra actitud de cristianos. ¿Es un actitud de dulzura o de ira? ¿O es amarga? Es muy feo ver que a aquellas personas que se dicen cristianos pero están llenas de amargura... Con dulzura. El lenguaje del Espíritu Santo es dulce, y la Iglesia lo llama el "dulce huésped del alma", porque Él es dulce y nos da dulzura. Y respeto. Siempre respeta a los demás. Nos enseña a respetar a los demás. Y el diablo, que sabe cómo debilitarnos en el servicio de Dios, y también cómo debilitarnos en esta custodia del Espíritu Santo que está dentro de nosotros, hará todo para que nuestro lenguaje no sea de dulzura y no sea de respeto. También dentro de las comunidades cristianas.

Hoy dije, en el Regina Coeli, y quiero repetirlo: cuánta gente se acerca a una parroquia, por ejemplo, buscando esta paz, este respeto, esta dulzura y encuentra luchas internas entre los fieles. En lugar de la dulzura y del respeto, encuentra las habladurías, las maledicencias, las competencias, uno contra otro..., encuentra ese aire no de incienso, sino de chisme... Y después, ¿qué dice? "Si estos son cristianos, prefiero permanecer pagano". Y se va, desilusionado. Porque estos no saben custodiar al Espíritu, y con este "lenguaje" de hacerse ver por ambición, por envidia, por celos, tantas cosas que nos dividen entre nosotros, alejamos a la gente. Somos nosotros los que los alejamos. Y no dejamos que el trabajo que hace el Espíritu, de atraer a la gente, continúe. Me gusta volver sobre este argumento siempre, porque les digo – les digo con toda claridad – que este es el pecado más común de nuestras comunidades cristianas.

Cuando incensaba a la Virgen, bajé un poco la mirada y vi a la serpiente, la serpiente que la Virgen aplasta, la serpiente con la boca abierta y la lengua que sale. Nos hará bien mirar cómo es una comunidad cristiana que no custodia al Espíritu Santo con dulzura y con respeto. Es como aquella serpiente, con una lengua así de larga. Un párroco, una vez, me decía, hablando de este argumento: "En mi parroquia hay algunos que pueden comulgar desde la puerta: con la lengua que tienen, ¡les llega hasta el altar!" Alguno de ustedes podrá decir: "Pero Padre, ¡usted siempre con el mismo argumento!" Pero es la verdad. Esto nos destruye. Y nosotros debemos custodiar al Espíritu Santo... y no las cosas que la serpiente – el diablo – nos enseña.

Perdónenme si regreso siempre sobre esto, pero creo que este es el enemigo que destruye nuestras comunidades: el chismerío. Quizá les hará bien, no hoy – algunos hoy, algunos otro día – cuando vayan a saludar a la Virgen, mirar un poco hacia abajo y ver esa lengua de la serpiente y decirle a la Virgen: "Madre, sálvame. No quiero ser así. Quiero custodiar al Espíritu Santo como tú lo custodiaste". Ella custodió al Espíritu que después vino y la hizo mamá del Hijo de Dios. Hermanas y hermanos, de verdad: esto me hace mal al corazón; es como si entre nosotros nos lanzáramos piedras, uno contra otro. Y el diablo se divierte. Esto es un carnaval para el diablo. Pidamos esta gracia; custodiar al Espíritu Santo que está en nosotros. No afligirlo, como dice el Apóstol Pablo. No afligirlo. Y que nuestra actitud frente a todos – cristianos y no cristianos – sea una actitud de dulzura y de respeto, porque el Espíritu Santo trabaja así con nosotros: con dulzura y con respeto.

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