domingo, 9 de abril de 2017

QUE NINGÚN JOVEN SE SIENTA EXCLUIDO: PALABRAS DEL PAPA A LOS JÓVENES EN LA VIGILIA DE ORACIÓN EN STA. MARÍA MAYOR (08/04/2017)

"No es suficiente preguntarse ¿quién soy yo?, como a menudo propone la cultura dominante... Es necesario, orientar la cuestión de manera diferente y preguntarse: ¿Para quién soy yo? En efecto, la felicidad está en nuestra entrega, siguiendo el ejemplo de Jesús, que ofrece su vida por la humanidad", lo dijo el Papa Francisco este 8 de abril en su homilía en la Vigilia de Oración en preparación a la Jornada Mundial de la Juventud, que este año se celebra a nivel diocesano. En este marco, el Obispo de Roma encontró a los jóvenes de su Diócesis y de las otras Diócesis de la Región Lacio (Italia), en la Basílica Papal de Santa María la Mayor, la tarde de este sábado. En sus palabras que entregó a los jóvenes, el Santo Padre indicó que, "esta vigilia de oración es la primera ocasión que tienen de participar directamente en el camino de preparación para el próximo Sínodo de los Obispos y para la Jornada Mundial de la Juventud de Panamá, que se celebrará inmediatamente después de la Asamblea sinodal".

Queridos jóvenes:

Gracias por estar aquí. Este será un doble inicio: el inicio del camino hacia el Sínodo, que tiene un nombre largo: "Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional", pero le decimos "el Sínodo de los jóvenes", se entiende mejor. Y también el segundo inicio, del camino hacia Panamá. Aquí está el Arzobispo de Panamá. ¡Lo saludo mucho!

Hemos escuchado el Evangelio, hemos orado, hemos cantado; hemos llevado flores a la Virgen, a la Madre; y hemos llevado la Cruz, que viene de Cracovia y mañana será entregada a los jóvenes de Panamá. De Cracovia a Panamá; y, en medio, el Sínodo. ¡Un Sínodo del cual ningún joven debe sentirse excluido! "Bueno... hagamos el Sínodo para los jóvenes católicos... para los jóvenes que pertenecen a las asociaciones católicas, así y más fuerte..." ¡No! ¡El Sínodo es el Sínodo para y de todos los jóvenes! Los jóvenes son los protagonistas. "¿Pero también los jóvenes que se sienten agnósticos?" ¡Sí! "¿También los jóvenes que tienen una fe tibia?" ¡Sí! "¿También los jóvenes que están alejados de la Iglesia?" ¡Sí! "¿También los jóvenes que - no se si haya alguno, quizá habrá alguno - los jóvenes que se sienten ateos?" ¡Sí! Este es el Sínodo de los jóvenes, y todos nosotros queremos escucharlos. Cada joven tiene algo que decir a los demás, tiene algo que decir a los adultos, tiene algo que decir a los sacerdotes, a las hermanas, a los obispos y al Papa. ¡Todos tenemos necesidad de escucharlos!

Recordemos un poco Cracovia; la Cruz nos los recuerda. Allí yo dije dos cosas, quizá alguno recuerda: es feo ver a un joven que se jubila a los 20 años, es feo; y también es feo ver un joven que vive en el sofá. ¿No es cierto? Ni jóvenes "jubilados", ni jóvenes "en el sofá". Jóvenes que caminan, jóvenes de camino, jóvenes que van adelante, uno junto al otro, pero mirando hacia el futuro.

Hemos escuchado el Evangelio (cfr Lc 1,39-45). Cuando María recibe aquel don, esa vocación tan grande de llevar el don de Dios a nosotros, dice el Evangelio que, habiendo recibido también la noticia de que su prima esperaba un niño y tenía necesidad de ayuda, ella se va "rápidamente". ¡Rápidamente! El mundo de hoy tiene necesidad de jóvenes que vayan "rápidamente", que no se cansen de andar rápidamente; de jóvenes que tengan esa vocación de de sentir que la vida les ofrece una misión. Y, como ha dicho muchas veces María Lisa (Hermana joven) en su testimonio, jóvenes en camino. Ella ha contado toda su experiencia: ha sido una experiencia en camino. Tenemos necesidad de jóvenes en camino. El mundo puede cambiar solamente si los jóvenes están en camino. Pero este es el drama de este mundo: que los jóvenes - ¡y este es el drama de la juventud de hoy! - que los jóvenes a menudo son descartados. No tienen trabajo, no tienen un ideal a seguir, les falta la educación, les falta la integración... Muchos jóvenes deben huir, emigrar a otras tierras... Los jóvenes, hoy, es duro decirlo, pero a menudo son material de descarte. ¡Y esto no podemos tolerarlo! Y debemos hacer este Sínodo para decir: "¡Nosotros los jóvenes estamos aquí!" E iremos a Panamá para decir: "¡Nosotros los jóvenes estamos aquí, en camino. No queremos se material de descarte! Tenemos un valor para dar".

Pensé, mientras Pompeo hablaba (en el segundo testimonio): dos veces el dijo que estuvo casi al límite de ser material de descarte, a los 8 años y a los 18 años. Y lo hizo. Él lo hizo. Fue capaz de levantarse. Y la vida, cuando miramos el horizonte - lo dijo también María Lisa -, siempre nos sorprende, siempre. Los dos lo han dicho.

Nosotros estamos en camino, hacia el Sínodo y hacia Panamá. Y este camino es arriesgado; pero si un joven no arriesga, envejece. Y nosotros debemos arriesgar.

María Lisa dijo que después del sacramento de la Confirmación estaba alejada de la Iglesia. Ustedes saben bien que aquí en Italia, al sacramento de la Confirmación se le llama "¡el sacramento del adiós!" Después de la Confirmación no se vuelve más a la Iglesia. y ¿por qué? Por qué tantos jóvenes no saben qué hacer... Y ella nunca se detuvo, siempre en camino: a veces por caminos oscuros, por caminos sin luz, sin ideales o con ideales que no entendía bien; pero al final, también ella lo hizo. Ustedes jóvenes deben arriesgar en la vida, arriesgar. Hoy deben preparar el futuro. El futuro está en sus manos. El futuro está en sus manos.

En el Sínodo, la Iglesia, toda, quiere escuchar a los jóvenes: qué piensan, qué sienten, que desean, que critican y de qué cosas se arrepienten. Todo. La Iglesia tiene necesidad de aún más primavera y la primavera es la estación de los jóvenes.

Y además quiero invitarlos a hacer este camino, esta ruta hacia el Sínodo y hacia Panamá, a hacerla con alegría, hacerla con sus aspiraciones, sin miedo, sin vergüenza, hacerla valerosamente. Se quiere valor. Y buscar tomar la belleza en las pequeñas cosas, como dijo Pompeo, esa belleza de todos los días: tomarla, no perder esto. Y agradecer por aquello que soy: "Yo soy así: ¡gracias!" Muchas veces, en la vida, perdemos tiempo en preguntarnos: ¿Qué soy yo? Bueno, tú puedes preguntare qué eres y hacer toda una vida buscando qué eres. Pero pregúntate: ¿Para qué soy? Como la Virgen, que fue capaz de preguntarse "¿Para qué, para qué persona soy en este momento? Para mi prima", y se fue. Para qué soy, no qué soy: esto viene después, sí, es una pregunta que se debe hacer, que te haga sentir, que te haga actuar. Los tres lenguajes: el lenguaje de la mente, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos. E ir siempre adelante.

Y otra cosa que quiero decirles: el Sínodo no es un "salón de charlas". La JMJ no será un "salón de charlas" o un circo o una cosa bella, una fiesta y después "adiós", me olvido. No, ¡concreción!. La vida nos pide concreción. En esta cultura líquida, se requiere concreción, y ser concretos es su vocación.

Y quiero terminar... - había un discurso escrito, pero después de haberlos visto, haber escuchado los dos testimonios, me ha venido decir todo esto -: habrá momentos en que no entenderán nada, momentos oscuros, feos, momentos bellos, momentos oscuros, momentos luminosos... pero hay una cosa que quiero subrayar. Estamos en el presente. A mi edad, estamos por irnos... ¿ah no? ¿Quién nos garantiza la vida? Nadie. Su edad tiene el futuro por delante. A los jóvenes, hoy, a los jóvenes la vida les pide una misión, la Iglesia les pide a ustedes una misión, y yo quiero darles esta misión: volteen y hablen con los abuelos. Hoy más que nunca tenemos necesidad, tenemos necesidad de este puente, del diálogo entre los abuelos y los jóvenes, entre los viejos y los jóvenes. El profeta Joel, en el capítulo 3, versículo 2, nos dice esto, como una profecía: "Los ancianos tendrán sueños, soñarán y los jóvenes profetizarán", esto es irán adelante con las profecías, las cosas concretas. Esta es la tarea que les doy en nombre de la Iglesia: hablar con los ancianos. "Pero es aburrido..., dicen siempre las mismas cosas..." No. Escucha al anciano. Habla, pregunta cosas. Haz que ellos sueñen y de esos sueños agárrate par ir adelante, para profetizar y hacer concreta esa profecía. Esta es su misión hoy, esta es la misión que les pide hoy la Iglesia.

Queridos jóvenes, ¡sean valerosos! "Pero, Padre, yo he pecado, muchas veces caí..." Me viene a la mente una canción alpina, bellísima, que cantan los alpinistas: "En el arte de escalar, lo importante no es no caer, sino no permanecer caído". ¡Adelante! ¿Caes? Levántate y ve adelante. Pero piensa en aquello que soñó el abuelo, lo que soñó el viejo o la vieja. Hazlos hablar, toma aquellas cosas y haz el puente al futuro. Esta es la tarea y la misión que hoy les da la Iglesia.

Muchas gracias por su valor, y... ¡a Panamá! No se si seré yo, pero estará el Papa. Y el Papa, en Panamá, les hará la pregunta: "¿Han hablado con los viejos? ¿Han hablado con los ancianos? ¿Han tomado los sueños de los ancianos y los han transformado en profecía concreta?" Esta es su tarea. Que el Señor los bendiga. Oren por mí y preparémonos todos juntos para el Sínodo y para Panamá.

Gracias.

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