domingo, 2 de abril de 2017

EL CONGO, COLOMBIA, VENEZUELA Y PARAGUAY EN EL PENSAMIENTO DEL PAPA: ÁNGELUS DEL 02/04/2017

"Perseverar sin descanso en la búsqueda de soluciones políticas evitando violencias". Apremiante llamamiento del Sucesor de Pedro a la hora del Ángelus dominical desde la Plaza de los Mártires, en la diócesis italiana de Carpi, donde realizó una visita pastoral este 2 de abril para confirmar en la fe y animar en el camino de fidelidad a Dios y de atención al hombre, a las personas afectadas por el terremoto de mayo de 2012. El Obispo de Roma manifestó su pesar por la tragedia que afectó Colombia, asegurando sus oraciones por las víctimas del evento natural. Además pidió oración por los artífices de los crímenes en la República Democrática del Congo, en donde enfrentamientos armados están provocando víctimas y desplazamientos. Asimismo el pontífice rezó por las poblaciones de Venezuela que vive un clima de tensión y también por Paraguay, tras las manifestaciones ocurridas en dicho país. Compartimos a continuación el breve texto de su alocución, traducido del italiano.

Estoy profundamente apenado por la tragedia que ha golpeado Colombia, en donde una gigantesca avalancha de fango causada por lluvias torrenciales inundó la ciudad de Mocoa provocando numerosos muertos y heridos. Rezo por las víctimas y aseguro nuestra cercanía a cuantos lloran la desaparición de sus seres queridos, y agradezco a todos los que están trabajando para prestar socorro.
También siguen llegando noticias de sangrientos enfrentamientos armados en la región de Kasai en la República Democrática del Congo, enfrentamientos que están causando víctimas y desplazamientos y que también afectan a las personas y propiedades de la Iglesia: iglesias, hospitales, escuelas. Aseguro mi cercanía a esta nación, y los exhorto a todos a rezar por la paz, para que los corazones de los artífices de este tipo de crímenes no permanezcan esclavos del odio y de la violencia, porque siempre el odio y la violencia destruyen.

Además, sigo con gran atención lo que está ocurriendo en Venezuela y Paraguay. Rezo por aquellas poblaciones, muy queridas para mí, e invito a todos a perseverar sin descanso, evitando cualquier tipo de violencia, en la búsqueda de soluciones políticas.

Queridos hermanos y hermanas:

Quiero agradecerles por haber venido a esta Misa: quiero agradecer a todos, a todos los que han trabajado para esta doble maratón: la del domingo pasado y esta... ¡muchas gracias! Y quiero agradecer a ustedes, enfermos: ¡hay cuatro mil enfermos aquí! Gracias a ustedes que con sus sufrimientos ayudan a la Iglesia, ayudan a llevar la Cruz de Cristo. Gracias. ¡Muchas gracias a ustedes!

Y al final de esta celebración, nuestro pensamiento se dirige a la Virgen Santa, a la que veneran en la iglesia catedral dedicada a ella. A María le ofrecemos nuestras alegrías, nuestros dolores y nuestras esperanzas. Le pedimos que pose su mirada misericordiosa en quienes de nosotros están sufriendo, especialmente en los enfermos, en los pobres y en quienes están privados de un trabajo digno.

Recordando el ardor apostólico de dos figuras de su tierra, el Beato Odoardo Focherini y la Venerable Marianna Saltini, testigos de la caridad de Cristo, saludo con gratitud, a ustedes, los fieles laicos. Los animo a ser protagonistas de la vida de sus comunidades, en comunión con sus sacerdotes: apunten siempre en lo que es esencial en el anuncio y en el testimonio del Evangelio.

Agradezco a ti, querido Obispo Francesco, y a todos ustedes, Obispos de la Región de Emilia Romaña, por su presencia, y sobre todo, al Pastor de esta diócesis, Mons. Francesco Cavina: los exhorto a estar al lado de sus sacerdotes con la escucha, la ternura y la cercanía atenta.

Por último, quisiera agradecer a todos y cada uno de ustedes, queridos fieles, a los sacerdotes, religiosos y religiosas, a las Autoridades y particularmente a cuantos han colaborado para organizar esta visita, con un pensamiento especial para el AGESCI y el coro, compuesto por todos los coros de la diócesis, que ha animado esta liturgia.

Confiamos nuestras vidas y el destino de la Iglesia y del mundo a María, recitando juntos la oración del Ángelus.

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