jueves, 6 de junio de 2013

JESÚS SE PREOCUPA POR EL HAMBRE DE QUIEN LO SIGUE: ÁNGELUS DEL 02/06/2013

A mediodía del domingo pasado, el Papa Francisco se ha asomado a la ventana de su estudio para rezar el Ángelus con los miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro a los que ha recordado que el jueves pasado se celebró la solemnidad del Corpus Christi, que en Italia y en otros países se trasladó a este domingo y que es la “fiesta de la Eucaristía, Sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo”.

Compartimos a continuación, aunque con un poco de retraso, el texto completo de su alocución, traducido del italiano:

Queridos hermanos y hermanas:

El jueves pasado celebramos la fiesta del Corpus Domini, que en Italia y en otros países se ha trasladado a este domingo. Es la fiesta de la Eucaristía, Sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo.

El Evangelio nos propone la narración del milagro de los panes (Lc 9, 11-17); yo quisiera detenerme sobre un aspecto que siempre me impacta y me hace reflexionar. Estamos en la orilla del lago de Galilea, la noche se acerca; Jesús se preocupa por la gente que desde hace tantas horas está con Él: se cuentan por miles y tienen hambre. ¿Qué hacer? También los discípulos se plantean el problema y le dicen a Jesús: «Despide a la multitud», para que vaya a los pueblos y caseríos de los alrededores y encuentre comida. Pero Jesús dice: «Denles de comer ustedes mismos» (v. 13). Los discípulos se quedan desconcertados y responden: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados», como diciendo: sólo lo suficiente para nosotros.

Jesús sabe bien qué hacer, pero quiere implicar a sus discípulos, quiere educarlos. La actitud de los discípulos es la actitud humana, que busca la solución más realista, que no provoque demasiados problemas: Despide a la gente, que cada uno se las arregle como pueda, por otra parte ya hiciste tanto por ellos: has predicado, has curado a los enfermos...

La actitud de Jesús es completamente distinta y está dictada por su unión con el Padre y por la compasión hacia la gente, pero también por su voluntad de dar un mensaje a los discípulos. Ante esos cinco panes, Jesús piensa: ¡he aquí la providencia! A partir de este poco, Dios puede hacer salir lo necesario para todos. Jesús confía totalmente en el Padre celestial, sabe que para Él todas las cosas son posibles. Por lo tanto le dice a los discípulos que hagan sentar a la gente en grupos de cincuenta - no es una casualidad: esto significa que ya no son una multitud, sino se vuelven comunidades, alimentadas por el pan de Dios. Y luego toma los panes y los peces, levanta los ojos al cielo, pronuncia la bendición - es una clara referencia a la Eucaristía - y después los parte y comienza a darlos a los discípulos, y los discípulos los distribuyen... ¡y los panes y los peces no se acaban! He aquí el milagro: más que una multiplicación es un compartir, animado por la fe y la oración. Comieron todos y sobró: es el signo de Jesús, pan de Dios para la humanidad.

Los discípulos lo vieron, pero no comprendieron bien el mensaje. Quedaron prendados, como la multitud, por el entusiasmo del éxito. Una vez más, siguieron la lógica humana y no la de Dios, que es la del servicio, del amor y de la fe. La fiesta del Corpus Domini nos pide que nos convirtamos a la fe en la Providencia, que sepamos compartir lo poco que somos y que tenemos, y que no nos encerremos nunca en nosotros mismos. Pidamos a nuestra Madre María que nos ayude en esta conversión, para seguir verdaderamente, cada vez más, a ese Jesús que adoramos en la Eucaristía.

Después del rezo del Ángelus:

Queridos hermanos y hermanas:

Mi preocupación sigue siendo viva y sufrida por la persistencia del conflicto que desde hace más de dos años inflama Siria y golpea en especial a la población inerme, que aspira a una paz en la justicia y en el entendimiento. Esta atormentada situación de guerra conlleva consecuencias trágicas: muerte, destrucción, ingentes daños económicos y ambientales, así como el flagelo de los secuestros de personas. Al deplorar estos hechos, deseo asegurar mi oración y mi solidaridad por los secuestrados y sus familiares y hago un llamamiento a la humanidad de los secuestradores por la liberación de las víctimas. Recemos siempre por nuestra amada Siria.

En el mundo hay tantas situaciones de conflicto, pero también hay tantos signos de esperanza. Quisiera alentar los recientes pasos cumplidos en varios países de América Latina hacia la reconciliación y la paz. Acompañémoslos con nuestra oración.

Esta mañana celebré la Santa Misa con algunos militares y con los parientes de algunos caídos en las misiones de paz que buscan promover la reconciliación en países en los que se derrama todavía tanta sangre fraterna en guerras que son siempre una locura. Todo se pierde con la guerra, todo se gana con la paz. Pido una oración por los caídos, los heridos y sus familiares, recemos juntos ahora, en silencio, en nuestro corazón, todos juntos una oración, por los caídos, los heridos y sus familiares, en silencio.

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