jueves, 9 de agosto de 2012

NAGASAKI: EN DIOS, LA PAZ TIENE SU FUNDAMENTO ÚLTIMO

Tres días después del primer bombardeo atómico de la historia perpetrado el 6 de agosto de 1945 por las fuerzas estadounidenses contra la ciudad japonesa de Hiroshima, en un día como el de hoy, la misma prepotencia era aplicada contra la ciudad de Nagasaki. El dolor, la angustia y los miles de muertos y sus víctimas, han sido recordados esta mañana en Nagasaki; y al igual que en cada uno de los 67 años transcurridos desde la hecatombe, las campanas repican y las sirenas gritan la tragedia que hizo cenizas gran parte de la ciudad y cobró -en pocas semanas- la vida de más de 80 mil personas.

Precisamente en el recuerdo luctuoso, este jueves en la Catedral de Nagasaki, se celebró la Santa Misa por la víctimas del histórico cuanto deplorable ataque. La celebración estuvo presidida por el arzobispo metropolitano de Nagasaki, Mons. Joseph Takami Mitsuaki, con la participación entre otros del Nuncio Apostólico en Japón, el arzobispo Joseph Chennot, religiosas, religiosos y amigos de otras tradiciones religiosas.
 
Desde la semana pasada, el arzobispo Pier Luigi Celata, Secretario Emérito del Pontifico Consejo para el Diálogo Interreligioso, se encuentra en Japón para participar en la iniciativa titulada “10 días por la paz”, y este jueves, en el marco de la celebración eucarística dijo textualmente: “Considero un don del Señor poder participar con ustedes en la celebración de la Santa Misa por las víctimas del bombardeo atómico que golpeó indiscriminadamente esta ciudad de Nagasaki, causando tanta muerte, sufrimiento y destrucción. La oración por las víctimas de aquel horrible evento se transforma necesariamente en una imploración a Dios para que nos done el bien de la paz”.
 
El arzobispo se refirió a que los creyentes de las diversas religiones están llamados a colaborar con todos en la edificación de la paz, ofreciendo la contribución específica de sus tradiciones espirituales que es posible identificar en los conceptos de “compasión”, “misericordia”, “perdón”, “amor” y que son actitudes que reflejan aún en sus diferencias, la común convicción de que todos los seres humanos pertenecen a la única familia humana y participan de su mismo fin.
 
A los cristianos –añadió el secretario emérito del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso-, el don de la fe ofrece luz para comprender que solamente en Dios la paz tiene su fundamento último y la concreta posibilidad de realizarse.

El último pensamiento en el mensaje de Mons. Pier Luigi Celata estuvo dedicado al testimonio de fidelidad a Dios y de amor hacia los hermanos cristianos y no cristianos ofrecida por los santos y beatos mártires de Nagasaki que invita a mirar con renovada adhesión de fe, a las tantas víctimas de la barbarie de la guerra nuclear. “Desde lo alto de su cruz y en la fuerza luminosa de su resurrección, Jesús nos invita a una gran misión de caridad: orar y actuar para que la paz se afirme en todas partes y con ella se pueda ofrecer la verdadera vida”, concluyó. La visita de monseñor Pier Luigi Celata a Japón concluye este 11 de agosto.

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