miércoles, 12 de enero de 2011

EL PULSO DEL PAPA - DEMANDA DE LIBERTAD RELIGIOSA

Es tradicional que al inicio de cada año el Papa sostenga un encuentro con los miembros del Cuerpo Diplomado acreditado ante la Santa Sede, los embajadores de los países con los que se mantienen relaciones oficiales. Para este año que inicia la reunión tuvo lugar el pasado lunes 10 de enero en la Sala Regia del Palacio Apostólico del Vaticano.

Actualmente la Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas plenas con 178 países y está presente en la Organización de las Naciones Unidas en calidad de “Estado observador”.

En su Mensaje a los embajadores, Benedicto XVI volvió sobre el tema de la Jornada Mundial de la Paz, centrado en la Libertad Religiosa. Ambos mensajes hacen evidente que en 2011 el Papa va con todo para demandar y promover el reconocimiento, en todas las naciones, de este derecho de todo ser humano, que, como dijo, “no se aplica plenamente allí donde sólo se garantiza la libertad de culto, y además con limitaciones”, y pidió que “se promueva la plena salvaguarda de la libertad religiosa y de los demás derechos humanos”.

En referencia al caso de México y de otras naciones, el Papa dijo que “en diversos países en que la Constitución reconoce una cierta libertad religiosa, la vida de las comunidades religiosas se hace, de hecho, difícil y a veces incluso insegura ya que el ordenamiento jurídico o social se inspira en sistemas filosóficos y políticos que postulan un estricto control, por no decir un monopolio, del Estado sobre la sociedad. Es necesario que cesen tales ambigüedades, de manera que los creyentes no tengan ya que debatirse entre la fidelidad a Dios y la lealtad a su patria”. Luego pidió de modo particular “que todos garanticen a la comunidad católica la plena autonomía de organización y la libertad de cumplir su misión, conforme a las normas y estándares internacionales” y profundizó en el tema cuando explicó: “Pienso, en primer lugar, en los países que conceden una gran importancia al pluralismo y la tolerancia, pero donde la religión sufre una marginación creciente. Se tiende a considerar la religión, toda religión, como un factor sin importancia, extraño a la sociedad moderna o incluso desestabilizador, y se busca por diversos medios impedir su influencia en la vida social. Se llega así a exigir que los cristianos ejerzan su profesión sin referencia a sus convicciones religiosas o morales, e incluso en contradicción con ellas”.

En Papa quiso mencionar un reciente caso de intolerancia religiosa en Europa cuando recordó: “El año pasado, algunos países europeos se unieron al recurso del Gobierno italiano en la famosa causa de la exposición del crucifijo en los lugares públicos. Deseo expresar mi gratitud a las autoridades de esas naciones, así como a todos los que se han empeñado en este sentido, episcopados, organizaciones y asociaciones civiles o religiosas, en particular al Patriarcado de Moscú y a los demás representantes de la jerarquía ortodoxa, y a todas las personas, creyentes y también no creyentes, que han querido manifestar su aprecio por este símbolo portador de valores universales”.

Una vez más, en referencia a México y a otros países, Benedicto XVI denunció que “es preocupante que el servicio que las comunidades religiosas ofrecen a toda la sociedad, en particular mediante la educación de las jóvenes generaciones, sea puesto en peligro u obstaculizado por proyectos de ley que amenazan con crear una especie de monopolio estatal en materia escolástica, como se puede constatar por ejemplo en algunos países de América Latina. Mientras muchos de ellos celebran el segundo centenario de su independencia, ocasión propicia para recordar la contribución de la Iglesia católica en la formación de la identidad nacional, exhorto a todos los Gobiernos a promover sistemas educativos que respeten el derecho primordial de las familias a decidir la educación de sus hijos, inspirándose en el principio de subsidiariedad, esencial para organizar una sociedad justa”.

El Papa terminó explicando, de manera firme, que “la promoción de una plena libertad religiosa de las comunidades católicas es también el objetivo que persigue la Santa Sede cuando establece concordatos u otros acuerdos” y que “la actividad de los representantes pontificios en los Estados y Organizaciones internacionales está igualmente al servicio de la libertad religiosa”, además de dejar en claro, que “la Iglesia no busca privilegios, ni quiere intervenir en cuestiones extrañas a su misión, sino simplemente cumplirla con libertad”, y concluyó su mensaje con una exhortación “a todos, responsables políticos, jefes religiosos y personas de toda clase, a emprender con determinación el camino hacia una paz auténtica y estable, que pase por el respeto del derecho a la libertad religiosa en toda su amplitud”.

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