jueves, 14 de octubre de 2010

EL PULSO DEL PAPA - LA IGLESIA SE RENUEVA

Benedicto XVI ha creado un nuevo dicasterio, es decir, un nuevo organismo de gobierno de la Santa Sede. Se trata del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. Lo creó el 21 de septiembre mediante la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio de nombre “Ubicumque et semper” que fue dada a conocer el pasado 12 de octubre. El Papa puso al frente de este Consejo Pontificio al arzobispo Rino Fisichella en calidad de Presidente.

El objetivo fundamental que busca el Papa consiste en renovar las formas del anuncio del Evangelio en un momento de la humanidad en el que son muchos los creyentes que ya no logran entender el sentido de pertenencia a la comunidad cristiana. La situación histórica contemporánea la ha definido el Papa en varias ocasiones como “una dictadura del relativismo” que ha provocado un individualismo carente de responsabilidad pública y social. Este renovado anuncio del Evangelio debe responder a las nuevas exigencias que presentan las generaciones que ya son víctimas del subjetivismo de nuestro tiempo.

Entre las competencias confiadas al Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización está la de promover el uso del Catecismo de la Iglesia Católica. Rino Fisichella ya ha manifestado que “el Catecismo, de hecho, es uno de los frutos más maduros de las indicaciones conciliares, ya que recoge de forma orgánica la totalidad del patrimonio de la evolución del dogma y es la herramienta más completa para transmitir la fe de siempre ante los constantes cambios y los interrogantes que el mundo plantea a los creyentes. Para ello, el nuevo dicasterio utilizará todas las formas que los progresos de la ciencia de la comunicación han convertido en instrumentos positivos al servicio de la nueva evangelización”.

Presento, enseguida, algunos extractos de la Carta “Ubicumque et semper” que por sí mismos explican esta renovación en la Iglesia:
  • “La Iglesia tiene el deber de anunciar siempre y en cualquier lugar el Evangelio de Jesucristo. Esa misión ha asumido en la historia formas y modalidades siempre nuevas según los lugares, las situaciones y los momentos históricos. En nuestra época, uno de los rasgos característicos ha sido la confrontación con el fenómeno del abandono de la fe, que se ha manifestado progresivamente en sociedades y culturas que desde siglos estaban impregnadas del Evangelio”.
  • “Las transformaciones sociales a las que hemos asistido en los últimos tiempos tienen causas complejas que hunden sus raíces en el tiempo y han modificado profundamente la percepción de nuestro mundo. Y si por una parte la humanidad ha conocido los beneficios innegables de esas transformaciones y la Iglesia ha recibido ulteriores estímulos para dar razón de la esperanza que lleva, por otro se ha verificado una preocupante pérdida de sentido de lo sacro que lleva a poner en tela de juicio fundamentos que parecían indiscutibles, como la fe en un Dios creador y providente, la revelación de Jesucristo, único salvador y la comprensión común de las experiencias fundamentales del ser humano como el nacimiento, la muerte, la vida en una familia y la referencia a la ley moral natural”.
  • “Ya el Concilio Ecuménico Vaticano II asumió entre las cuestiones fundamentales la de la relación entre la Iglesia y el mundo contemporáneo. Siguiendo las enseñanzas conciliares, mis predecesores han reflexionado ulteriormente sobre la necesidad de encontrar formas adecuadas para que nuestros contemporáneos escuchen todavía la Palabra viva y eterna del Señor”.
  • “El venerable Siervo de Dios Juan Pablo II hizo de esta concienzuda tarea uno de los fundamentos de su vasto magisterio, sintetizando el concepto de nueva evangelización, que profundizó sistemáticamente en numerosas intervenciones, la tarea que espera hoy a la Iglesia, en particular en las regiones de antigua cristianización”.
  • “Por lo tanto, haciéndome cargo de las preocupaciones de mis venerados predecesores, creo oportuno ofrecer las respuestas adecuadas para que toda la Iglesia, dejándose regenerar por la fuerza del Espíritu Santo, se presente al mundo contemporáneo con un empuje misionero capaz de promover una nueva evangelización”.
  • “En las Iglesias de antigua tradición, a pesar de la progresión del fenómeno de la secularización, la práctica cristiana manifiesta todavía una buena vitalidad y un profundo enraizamiento en el ánimo de enteras poblaciones. Conocemos también, desgraciadamente, que hay zonas casi completamente descristianizadas donde la luz de la fe se confía a pequeñas comunidades: estas tierras, que necesitarían un primer anuncio renovado del Evangelio, se muestran particularmente refractarias a muchos aspectos del mensaje cristiano”.
  • “En la raíz de toda evangelización no hay un proyecto de expansión humana, sino el deseo de compartir el don inestimable que Dios nos ha dado, haciéndonos partícipes de su vida”.

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